
En algún lugar cerca de la gran ciudad de Kyoto, en donde la luz del sol es incapaz de
penetrar, una figura ensombrecida se preparaba psicológicamente para lo que
estaba por venir... Dentro de poco comenzarían las batallas que decidirían
el destino del Japón; si sería gobernado bajo la mano de hierro de un
guerrero quien creía que el más fuerte sobrevive y que el débil le sirve de
alimento, o sí seguiría bajo el régimen del inestable e impredecible gobierno
Meiji.
La simple luz de una delgada vela de cera era el único punto iluminado en
aquella habitación, su luz no alcanzaba a iluminar más allá de un radio de un
metro a su alrededor, por lo que era difícil predecir la decoración del
cuarto y ver claramente la silueta de su inquilino.
La silueta de un hombre sentado en un confortante sillón era de lo poco que
podía visualizarse, sus fríos y calculadores ojos reflejaban aquella delgada
llama como si fuesen espejos, dotándolos aún más de estar llenos de maldad,
odio y rencor.
El estar observando aquella llama, avivaron aun más sus deseos de venganza al
momento en que imágenes de su pasado pasaron frente a sus ojos...
La traición... el dolor... la agonía...
No... no era momento para pensar en ello, ahora debía concentrar todos sus
sentidos en un solo hombre; el derrocar al gobierno era un paso que él
creía por de más fácil, demasiado fácil, pero el destruir a ese hombre lo
consideraba aún mucho más complejo y a la vez mucho más estimulante. Destruir
a su predecesor sería una victoria que estaría siempre en la memoria del
Japón y de todos sus habitantes.
Bajo la escasa luz, Makoto Shishio cambiaba de vendajes sus manos, sus
deformadas manos. Ya no le era desagradable verse... es más, el darse cuenta
de su condición aumentaba más aún su furia hacia los que lo traicionaron por
lo que su deseo de venganza pediría más en el momento de hacerlos pagar.
Mientras cubría su mano izquierda con el vendaje blanco recordaba como fue el
despertarse aquella vez después de que lo incendiaron, ver su cuerpo vilmente
deformado por las terribles quemaduras, no había una sola parte de su cuerpo
que no las tuviese... se consideró un monstruo cuando observó su reflejo...
Pero con el tiempo se cuestionó ¿Acaso él era el monstruo? No... él no era el
monstruo... los monstruos y bestias infernales eran aquéllos que se
encontraban en la cima del gobierno Meiji, a quienes sirvió fielmente y así
era como se lo habían pagado al temer del poder que estaba acumulando...
Desde ese momento se juró que un gobierno que temblaba ante la presencia de
un hombre, era un gobierno débil y que no merecía existir, por lo que decidió
que sólo hombres aptos, fuertes podrían ser quienes llevaran al Japón a una
era dorada, hombres como él...
- "Aún no entiendo ¿cómo es que puedes estar tan tranquilo?"- musitó una voz
en algún punto de la habitación.
Shishio no prestó mucha atención ante el comentario, concentraba su mirada en
colocar en forma adecuada el vendaje, pero debía admitir que siempre que él
lo hacia el vendaje no era lo suficientemente resistente y tendían a
desenredarse antes de tiempo.
Unos suaves pasos se escucharon en el piso de madera de la habitación, que
poco a poco se aproximaron a él.
La delgada silueta de una bella mujer se postró a los pies de su señor,
inclinándose en el suelo y disponerse a ayudarlo con aquello que a él le
resultaba difícil pero a la vez era lo único que ella sabía hacer mejor que
él, cuidar sus heridas...
Shishio permitió que la mujer se encargara de ello... le agradaba sentir sus
finas y suaves manos sujetar la suya, su dulce contacto.
Yumi no sentía ninguna clase de repudio al estar cerca de él o tocarlo... ya
no más. Tal vez ella es el único ser humano que Shishio ha permitido esa clase
de acercamientos, que le permita vendar sus heridas y estar en contacto con
sus quemaduras, sentir aquella terrible resequedad en su piel... Era a través
de ellas por las que Yumi conocía a Shishio y entendía su dolor, comprendía
su actitud y deseos de venganza... eran ellas pruebas auténticas de que era
un hombre excepcional al poder haber sobrevivido a tal ataque que lo dejó en
ese estado, y poder continuar viviendo con ello día a día... Y además,
gracias a ellas es que ha podido mantenerse al lado de ese hombre tan
excepcional, que había logrado conquistarla con tan solo su mirar, su
imponente presencia había logrado que ella se enamorase de él a pesar de su
apariencia y de su maldad innata, no lo importaba en lo más mínimo que clase
de asesino decían ser, tal vez no hubiese nadie en la existencia que podría
llegar a conocerlo tan bien como ella.
Yumi finalizó con su labor ante la mirada de Shishio quien ni por un minuto
había apartado su vista de ella desde que se arrodilló cerca de él. Era una
mirada tan diferente y que pocos son capaces de ver que desprendan sus ojos
sombríos.
Cuando ella finalizó con su mano izquierda, Shishio tomó sus guantes y
personalmente colocó el correcto en su lugar.
Yumi continuaría en silencio con la siguiente más sintió como Shishio levantó
su barbilla levemente con su mano derecha para poder sostener su mirada, una
mirada que él sabía leer como si fuese un libro abierto.
- "¿Qué te sucede?"- preguntó al acariciar la suave mejilla de su concubina.
Yumi no quería responder, puesto a que sabía lo que él le diría, que no debía
preocuparse, que todo saldría a como sus expectativas... Y aunque él lo
dijese tan tranquilamente ella no podría dejar de preocuparse por él...
Era lo único que ella podía hacer por él, preocuparse puesto a que nadie más
lo haría, ni siquiera él mismo.
- "Hace unos momentos, me preguntaste por qué estaba tan tranquilo"-
argumentó- "Dime ¿hay algo acaso por lo que deba preocuparme?"
- "Es... es solo que..."- balbuceó al sostener aquella mirada tan impactante
que ese hombre poseía cuando la miraba- "Es solo que no me explico cómo
puedes estar tan tranquilo si todo lo que has forjado durante estos diez
años está en juego"- habló finalmente.
- "Tienes a tu disposición a las mejores diez espadas del Japón ¿por qué
tanto problema y no los mandas a ellos a hacerlo?"- se atrevió a preguntar.
- "Yumi..."- le habló- "Sabes que así no es como me gusta hacer las cosas.
No sería mí victoria si enviara al Jupongatana contra Battousai... Lo que
esta por suceder entre ambos es un combate que tarde o temprano debió
realizarse, esto es algo del destino y quien salga airoso de él será el
que posea la autentica verdad sobre la vida, será la de mí alguna vez
contra parte o la mía"- explicó.
Yumi no podía contrarrestar aquel argumentó de su señor... jamas ha podido
puesto a que ella misma lo cree como su verdad, después de escucharlo y
estar a su lado sabía que su verdad era la correcta, cruel... pero era la
que más se apegaba a la realidad de las cosas en esta era Meiji.
Shishio tomo gentilmente a Yumi por sus hombros y la incitó a ponerse de pie
y sentarse junto a él, aunque fuese extraño para muchos, a él no le agradaba
verla arrodillada ante él como si fuese su esclava, no le gustaba verla como
si fuese un ser débil que le sirve... Yumi lo sabía pero era difícil no
hacerlo ante tal imponente figura que él presentaba ante cualquiera que lo
mirase.
Shishio la contempló por unos instantes, si que era una mujer hermosa, Yumi
Komagata era una mujer que merecía aquellos sentimientos que nacieron en
aquella alma oscura de Makoto Shishio, él era incapaz de explicar cómo
sucedió, cuando se había dado cuenta ya era demasiado tarde como para
reprimir tales emociones hacia ella, era el único ser al cual sentía
algo muy diferente, algo que no fuese odio o venganza, e igualmente con
Soujiro, pero hacia él más bien era un sentimiento mas paternal que otra
cosa.
Hace años Shishio era incapaz de atreverse a ponerle una mano encima, era un
desacato que sus deformes manos se postraran ante tal hermosa y esbelta
figura que ella poseía... e incluso ahora le resultaba un tanto difícil
hacerlo, pero Yumi siempre era quien se acercaba a él, demostrándole que no
tenía miedo que él la tocase.
Shishio paso su dedo índice por los finos y delgados labios de ella, como si
deseara probar el dulce elixir que de ellos probaba cada vez que unía los
suyos con los de ella.
Yumi no se intimidaba cuando él colocaba sus manos sobre su cuerpo, sabía que
debía ser algo muy duro para él el hacerlo, siempre se percataba de su
titubear antes de atreverse a ponerle una mano encima... Pero cuando él
entraba en contacto con ella sin ninguna clase de vendaje de por medio, Yumi
se sentía muy satisfecha, ya que sin vendajes estaba en contacto con el
verdadero Makoto Shishio, un hombre que poseía un alma oscura no porque él
la deseara, sino que su vida lo había obligado a forjarla después de su cruel
desenlace como servidor del gobierno Meiji. El hombre debajo de aquellos
vendajes era un alma completamente solitaria e incomprendida para muchos, pero
no para ella.
Yumi Komagata amaba tanto el interior y el exterior de aquel hombre, sin
esperar nada a cambio, el estar a su lado y que se molestara a verla como
una mujer le eran más que suficiente.
No podía explicar como es que este sentimiento tan grande nació en ella para
él, haría lo que fuera por él sin pensarlo... Aunque se llenaba de
desesperación al solo poder ayudarle a cuidar su cuerpo, su salud, y no en lo
que él más necesitaba en estos momentos... un guerrero que luchase en su
nombre.
Shishio atrajo suavemente el rostro de Yumi hacia él, uniendo sus labios con
los de ella gentilmente, no temiendo ser rechazado por ella. Le resultaba
dulce el poder probar la suavidad de sus labios y percibir el dulce perfume
de sus cabellos.
Muchas veces ha pensado sobre los sentimientos que Yumi decía tener hacia él,
serían auténticos? Su pasado lo obliga a desconfiar de cualquiera y Yumi
Komagata no fue la excepción; podría estar a su lado y fingir sentimientos
que fuesen una mentira solo por conveniencia...
Pero con el tiempo se percató de que sus sentimientos hacia ella eran reales
y también llego a confiar que los de ella de igual forma lo eran... A veces
se preguntaba como una bella mujer como ella podía soportar mirarlo siquiera
y dejar que la tocase.
Sentía una calidez en su pecho cada vez que ella le brindaba una tierna
mirada, una dulce sonrisa, una caricia, al ver su sensual figura... y no
precisamente se debía a que su cuerpo siempre estuviese a altas temperaturas.
Era un sentimiento que un principio se negó a aceptar, cómo es que él podría
fijarse en una mujer, uno de los seres que ante sus ojos podrían ser las
criaturas más débiles por naturaleza... Pero ella, ella era diferente y no
como cualquiera de ellas, ella merecía que él la amase, era a la única mujer
que él llegaría a brindarle esos nuevos sentimientos que nacieron gracias a
ella y a nadie más.
Yumi sentía una extraña calidez ante los besos de su amado, fue un beso como
éste el que había logrado que ella cayera rendida a sus pies finalmente,
demostrándole aquella vez que debajo de todos aquellos vendajes y quemaduras
había un hombre al cual amaría para siempre sin importar las consecuencias.
Imágenes de su pasado se dibujaban en sus mentes, más específicamente él día
en que por azares del destino sus caminos se cruzaron...
Era una noche fría hace más allá de ocho años. Dos cuerpos caían sin vida
ante el sonido de una espada a mitad de aquella noche sin luna.
Dentro de un granero, perteneciente a alguna posada de buen prestigio, un
hombre comía un par de tortas de arroz en el interior de las sombras del
recinto de madera.
Era muy constante que ese hombre se ocultara de las fuerzas policíacas en
esta clase de lugares, jamás se molestaban en buscarlo ahí, y si lo hacían
pues era un excelente lugar para tomarlos por sorpresa.
Unas pequeñas pisadas comenzaban a acercarse al granero, esto atrajo la
atención del samurai exiliado, tomando su espada dispuesto a degollar al
que entrase por esa puerta.
Escuchó unos pequeños toques, dos largos, uno pausado y silencio, supo que
se trataba de Soujiro.
La puerta del granero se abrió dando paso la pequeña silueta del pequeño
Soujiro con aquella misma imborrable sonrisa, su rostro estaba un poco
salpicado por sangre, y no precisamente la de algún animal.
- "Vaya, hasta que volviste"- murmuró el hombre al momento de dejar su espada
a un lado y comenzar a comer de nuevo.
- "Lo siento señor, pero me fue muy difícil conseguir una pala a estas horas
de la noche"- agregó sonriente.
- "Sí, ya veo. ¿Pero ocultaste los cuerpos? No quisiera que nos encontraran
antes de tiempo en este lugar"- dijo cuando le dio una mordida a sus
alimentos.
- "Sí, lo hice como usted me dijo"- aclaró.
- "Bien, entonces más vale que te laves, no quisiera que por estar impregnado
de sangre vayas a atraer la atención de algún policía. Recuerda que el olor
de la sangre es detectable para todo aquél que este acostumbrado a ella, y
hay policías que tienen antecedentes de haber pertenecido al grupo Shinsen
durante la era Tokugawa, no lo olvides"- dijo al aventarle una clase de
cantimplora con algo de agua.
- "Sí, enseguida señor"
Había pasado poco tiempo desde que Soujiro Seta había iniciado su viaje al
lado de "su salvador". Tenía la oportunidad de saciar aquel instinto asesino
que su ahora mentor estaba despertando en él.
A Soujiro no le desagradaba tener que pasar las noches en graneros o estar
huyendo constantemente de la justicia, incluso creía que esta clase de vida
era mucho mejor que la que hace poco tiempo tenía, sin mencionar que su mente
infantil veía todo esto como una gran aventura.
Después de lavarse tomó asiento en el suelo y permaneció contemplando la
silueta vendada que estaba a un par de metros más allá, sentado en un
conjunto de heno fresco que había dentro de la construcción.
Shishio continuaba saboreando una de las últimas tortas de arroz que Soujiro
había conseguido, mas se sintió ciertamente incómodo cuando escuchó un sonido
muy peculiar que el intestino tiende a realizar cuando requiere de
nutrirse. Lanzó una mirada rápida al niño que lo acompañaba y éste
continuaba sonriendo, pero nuevamente aquel sonido se presentó.
- "¿Tienes hambre?"- preguntó repentinamente.
- "Eh? ¿Qué? ¿Qué? No... no tengo hambre"- añadió sonriente.
- "Ah, me gusta tu fortaleza a pesar de que tu estómago diga todo lo
contrario"- añadió tomando una de las que quedaba y arrojándola al niño
quien la atrapó sin problemas - "Pero no me gustaría que enfermases por no
comer, así que come"- ordenó indiferentemente.
- "Sí, sí señor Shishio"- dijo para devorar prácticamente el alimento
japonés- "¿Le sucede algo?"- preguntó cuando notó como su mentor se
estremeció levemente de sus quemaduras.
- "No, no es nada, simplemente mis heridas dolieron, hay demasiada humedad en
la atmósfera, de seguro se aproxima una tormenta"- aclaró.
Para Makoto Shishio este cambio tan drástico que sufrió su travesía al
adherírsele este niño fue algo ciertamente bueno para él, por lo menos ya
tenía a alguien con quien hablar que no fuesen cadáveres y hombres
agonizantes antes de ser terminados por el filo de su espada, sin mencionar
que ese niño escuchaba atentamente todo lo que él le relataba, con esa clase
de disposición estaba seguro que podía hacer de él un guerrero excepcional...
después de él claro esta, uno al cual podría moldear como mejor le
conviniera.
- "Ahora, ya sabes lo que tienes que hacer, monta guardia"- dijo cuando se
recostó sobre el heno dispuesto a dormir, un término superficial ya que él
no acostumbraba a dormir profundamente, siempre con un ojo abierto y atento a
cualquier ataque.
Aunque Soujiro fuese un niño especial, no dejaba de ser lo que era, un niño,
por lo que el sueño rápidamente se apoderó de él, quedando profundamente
dormido.
El cielo comenzó a estremecerse, dando señas de que una tormenta estaba por
comenzar. Los relámpagos avivaron las luces nocturnas en las nubes grisáceas
cargadas con numerosas aguas, y al primer replique del cielo la lluvia
comenzó, siendo productora de una clase de melodía natural al caer
constantemente contra el suelo.
Shishio se irguió de golpe al escuchar algo, y no precisamente un trueno, por
instinto tomó su espada entre su mano vendada listo para cualquier cosa.
Prestó sólo un segundo su atención al niño que estaba montando guardia...
Se levantó y en su camino hacia la puerta del granero, dio un ligero zape al
pequeño en la cabeza con su katana envainada para que despertara en su
trayectoria.
Cuando el niño despertó fue capaz de escuchar aquellos sonidos que
contaminaban el pacífico sonido de la tormenta, eran voces, un par de ellas
maldecía.
Escucharon como apresurados pasos pasaron frente a la puerta del granero,
como si alguien estuviese corriendo o huyendo de algo o alguien... le
siguieron otro par más, Shishio intuyó que eran dos sujetos y más el
primero eso los hacían tres...
Se estaban alejando aquellas pisadas cuando se escuchó un golpe estrepitoso,
como si algo o alguien hubiese caído en algún charco.
Un par de siluetas se desplazaban entre las sombras de aquella noche
silenciosa. Una de ellas corría lo más rápido que sus pies le permitían
alejarse sin mencionar que sus ropas no eran las más propicias para ello. Era
capaz de escuchar como su corazón latía en su pecho, creía que sería capaz de
salírsele por la garganta, estaba asustada, lo que parecía un fino y hermoso
kimono que cubría su cuerpo se encontraba hecho jirones, como si alguien
deliberadamente lo hubiese hecho por la fuerza.
Se desplazaba entre arbustos con gruesos tallos que se rompían a su paso
rasguñando aún más sus vestimentas y también su delicada piel.
Sentía como el aliento ya no le alcanzaba para dar un paso más, pero al
escuchar pasos que la perseguían y aquellas voces que la maldecían en mil y
una formas le daban fuerzas para continuar y no caer nuevamente en sus
garras.
Pronto se encontraba completamente cubierta por la tormenta, se escondió
detrás de un par de arbustos mientras la lluvia caía sobre su cuerpo
esperando no ser encontrada.
- "¿Dónde demonios se habrá... metido esa perra?"- escuchó que alguien dijo
en un punto cercano a su posición, alguien que sonaba más que ebrio.
La mujer de cabellos castaños trataba de no exhalar de esa manera tan
ruidosa el aire pero sus esfuerzos eran más que en vano, por lo menos el
continuo sonido de la lluvia no permitía que ninguno de ellos escuchara el
sonido de su exhausta respiración.
Su desesperada mirada buscó algún lugar en el que podría esconderse más
propiciamente, un poco más allá observó una edificación de madera, justo lo
que estaba buscando.
Cuando se decidió a intentarlo sus ropas se habían enganchado a unas de las
ramas del arbusto en cuestión sacudiendo toda la estructura, siendo
descubierta ante los pares de ojos ebrios que la perseguían.
Yumi Komagata no recordaba haber corrido tanto como aquella vez en su vida...
Antes de toparse con Makoto Shishio ella era una geisha, cortesana, con mucho
prestigio en esa parte del Japón, sus servicios eran recelados sólo por
políticos y hombres con poder que eran capaces de costear una hora de su
compañía.
Jamas había tenido problemas como en los que se veía en estos momentos...
Ella solo vendía arte como su profesión lo indica, tenía estrictamente
prohibido tener algún contacto sexual con los clientes y hasta esta noche
eso no se le respetó...
Al finalizar la era Tokugawa en Japón e iniciar la Meiji, el papel de las
mujeres había pasado a un rango más que inferior en la sociedad ante los
hombres, haciéndoles pensar que ellos podrían hacer lo que quisieran con
ellas y hacia las Geishas no fue la excepción...
Aquellos dos hombres que contrataron su compañía habían bebido demasiado, el
olor terrible del sake puro era insoportable, sin mencionar que estuvieron
ingiriendo opio, eso y las ideas de esta época hacia las mujeres habían
propiciado que ella se encontrara ahora en esta situación. Cuando ellos
intentaron ponerle una mano encima luchó lo más que su cuerpo le permitió
logrando escapar ante la lujuria desenfrenada de aquel par de desgraciados.
Y ahora la habían seguido hasta aquí y no la dejarían en paz hasta que
obtuvieran lo que ellos querían de ella.
Pasó de largo el establecimiento de madera al no tener suficiente tiempo como
para abrir la pesada puerta y entrar sin que ellos no le dieran alcance.
Finalmente su frágil cuerpo no fue capaz de sostenerle ni un instante más,
por lo que cayó pesadamente sobre el fango que la lluvia había producido en
el suelo, siendo incapaz de levantarse.
- "Vaya que eres una ramera problemática"- agregó uno de ellos cuando
finalmente le dieron alcance.
- "Ah... verla cubierta de lodo me hace desear hacerlo más..."- comentó a su
compañero entre risas libidinosas.
- "Claro... si no te importa hacerlo aquí en el fango... adelante es toda
tuya... pero deja algo para mí quieres?"
El hombre en cuestión se arrodilló en el suelo dispuesto a calmar sus deseos.
La mujer lanzó un golpe desesperado para que se alejara de ella pero el
hombre pese a estar ebrio sujetó su brazo con fuerza, golpeándola en el
rostro para hacerla regresar al suelo al que pertenece.
Aquel hombre se acostó bruscamente sobre ella, intentando desgarrar aún más
los harapos que la cubrían mientras ella luchaba para evitar que ese
individuo la hiciera suya.
- "Pon mucha atención Soujiro"- dijo el samurai a su pequeño pupilo quienes
contemplaban la escena desde del interior del granero al entre abrir
débilmente su portón- "Ahí tienes una verdadera muestra de que el más fuerte
es el que sobrevive y el débil sólo sirve de alimento"- añadió- "La mujer
puede ser la criatura más débil por naturaleza que exista en este mundo, un
simple objeto de uso común para hombres que alimentan su ego, "hombría" y
poder al poder doblegarlas tan fácilmente, un objeto que sólo utilizan para
satisfacer sus deseos"
- "¿En serio todas son tan débiles?"- preguntó sonriente- "Pero si la mayoría
de los guerreros ninjas son mujeres y vaya que pueden llegar a ser muy
hábiles"
- "Es cierto, puede que un ser aparente ser muy fuerte, pero jamás debes
confiarte sólo por las apariencias, además muchas veces la fortaleza viene
del espíritu de un contrincante, no lo olvides"
- "Sólo guerrero como usted posee ambas fortalezas ¿cierto? Por eso es tan
fuerte ¿verdad?"
- "Ja, veo que estás entendiendo"- añadió- "Muchas veces puedes toparte con
oponentes que sean fuertes externamente pero que posee un espíritu débil,
otros son los seres que no poseen una alta habilidad física pero su fuerza
radica en su espíritu, en su astucia, pero los más peligrosos y excepcionales
somos los que poseemos las dos cualidades, fuerza externa e interna"- explicó.
- "Sí, entiendo"
- "Esos hombres que están ahí afuera no son pertenecientes a ninguna de las
categorías que te he mencionado, pertenecen a la clase de la cual nosotros
debemos de alimentarnos."- añadió seriamente.
Soujiro prestaba toda su atención a la escena de allá afuera, al igual que su
mentor. Había algo que le llamaba la atención... esa mujer... no el hecho de
que estaba a punto de ser ultrajada, sino que en todo este tiempo no había
lanzando un grito pidiendo ayuda... eso le resultaba "extraño", casi siempre
tendían a gritar desesperadas pidiendo ayuda en esta clase de situaciones,
pero ella no... Lo único que salía de su boca eran maldiciones en contra de
aquellos infelices que estaban por ultrajarla.
Shishio se percató de la mirada de aquella mujer, no reflejaba miedo externo,
tal vez en su interior si estuviese temblando, pero era como si supiera que
entre más temiera, con más gusto esos sujetos iban a lastimarla... Esos ojos
reflejaban una fortaleza y determinación que no eran común que alguna mujer
los poseyera, estaban dotados de una fortaleza innata... de eso no había
duda.
Aquel hombre estaba sobre ella, al principio tenia miedo debía admitirlo,
pero al llegar hasta este punto ese miedo y desesperación se había convertido
en ira, odio ante los hombres que creían que podían utilizarla así nada más
como si fuese un objeto que momentos después podrían desechar como si fuese
basura... Ellas y sus compañeras estaban experimentado aquel trato tan
discriminado que los hombres les proporcionaban en esta era Meiji, a todas
las acongojaba y oraban porque eso terminara, las mujeres también podían ser
fuertes!
Sentía como los asquerosos labios de aquel hombre recorrían su cuello y sus
sucias manos jugueteaban por su cuerpo, jamás había sentido tanto repudio en
su vida; repentinamente de su kimono dejó caer el estuche de una daga, un
arma blanca, pequeña y fácil de ocultar entre sus ropas, una de sus
compañeras de profesión se lo había dado "por si las dudas", en aquel momento
creyó jamas tener que usarla pero la ira en esos momentos era tan grande que
inconscientemente logró tomar el arma, desenfundándola...
Un chillido hueco se escuchó en los alrededores, un cuerpo sin vida cayó un
lado de la joven geisha quien se encontraba en una clase de trance mientras
rastros de sangre recorrían su rostro, siendo borradas lentamente por la
suave llovizna que aquella tormenta se había vuelto.
Su respiración era más que agitada mientras su mano derecha tomaba la
empuñadura de aquella daga ensangrentada.
El segundo hombre no podía ocultar su expresión atónita ante tal suceso, al
ver a su compañero desfallecer en manos de una golfa; esto trajo consigo la
furia de aquel hombre desenfundando un arma el doble de larga de entre sus
ropas.
Yumi logró ponerse de rodillas y observaba con la misma ira a ese hombre
armado mientras mantenía en alto la hojilla ensangrentada dispuesta a
defenderse.
Su mano estaba temblando, el miedo, la ira y frustración la habían incitado a
asesinar, pero eso no le importaba en ese momento, prefería mil veces morir
que ser objeto de diversión ante a algún macho.
Su mirada no estaba decorada con ninguna clase de temor, simplemente la
rabia los adornaba, una mirada que aquel hombre no le agradaba por lo que de
un rápido movimiento levantó su arma sobre su cabeza dispuesto a terminar
con su patética vida, después de todo, se trataba de la vida de una
insignificante mujer.
El fiero sonido de una cuchilla cortando carne y aire a su paso dejó
ensordecida a la mujer cuando nuevamente se vio cubierta de aquel fluido rojo.
Fue capaz de observar la cara de horror de aquel sujeto antes de que su
cuerpo cayera pesadamente al suelo sin vida a su lado, presentando una
terrible herida en la espalda.
Yumi observó por unos instantes el cadáver que ahora estaba a sus pies, pero
su vista se levantó al notar una presencia más en ese lugar, un hombre
ensombrecido lo único que era claro era aquella destellante mirada era
incapaz de ser doblegada entre aquella oscuridad, el filo de un arma que
comenzaba a ser iluminada por las luces de los relámpagos que continuaban
surcando los cielos era clara ante su mirada.
Yumi aún estaba en un estado de alerta que haría desconfiar de cualquiera
que se le pusiera enfrente en esos momentos.
Shishio miraba a aquella mujer mientras las gotas de lluvia caían sobre su
cuerpo, empapando las vendas que lo cubrían mientras sentía un continuo
dolor en su cuerpo al contacto directo de sus quemaduras con la extensa
humedad, pero eso no le importaba. Estaba desconcertado al encontrarse ahí...
en medio de la lluvia, enfrente de aquella mujer a la cual había salvado...
Yumi pudo visualizar a aquel hombre con más detalle por los relámpagos que se
desataban sobre sus cabezas, estaba cubierto completamente de vendajes y su
poderosa arma estaba impregnada de sangre que era borrada por el agua que
resbalaba por ésta y se fusionaba con la sustancia rojiza.
Por instantes ambos no hicieron más que mirarse bajo aquella llovizna, Yumi
no sabía si temer ante la figura tan amenazante de aquel sujeto o si sentirse
agradecida con él por haberla ayudado...
Shishio por su lado aún seguía perturbado al no entender que es lo que lo
impulsó deliberadamente para llegar hasta este punto...
Ninguno de los dos sabía que decir o hacer... aquella mujer ya lo había visto
y como era costumbre para él todo quien lo mirase debía morir bajo su espada
antes de que pudiese decírselo a cualquier alma... pero esta vez no estaba
deseoso de hacerlo...
Shishio apartó sus labios repentinamente de los de ella ante el desconcierto
de Yumi, para continuar con lo que en un principio se encontraba haciendo.
- "Debo terminar con esto, está muy cerca el momento de que mis invitados
lleguen"- dijo.
- "Si me permites hacerlo yo finalizaré más rápido"- dijo al tomar su mano y
comenzar a vendarla sutilmente con la suave textura.
- "¿Cómo puedes ser capaz de soportarme?"- preguntó de pronto ante el
desconcierto de la mujer.
- "No comprendo la pregunta"- añadió ella al intuir a donde iba esta
conversación.
- "Sabes a lo que me refiero... ¿Cómo es que puedes soportar tocar mi
deformidad?"
- "Te lo dije hace tiempo... no me importa como luzcas, lo que amo y admiro
de ti es el espíritu guerrero que posees, esa determinación tuya"- comentaba
sin dejar de cubrir las quemaduras- "... Siempre he sentido como dudas de
mis sentimientos hacia ti, pero créeme que estos son tan auténticos como
estas quemaduras tuyas... Yo soy quien debería hacerte la misma pregunta...
Shishio... Makoto... ¿Por qué yo?... ¿cómo no dudar que puedes pensar de la
misma forma de mí como aquellos hombres lo hacían aquella vez... aquella
noche... verme como solo un objeto de uso y desuso? No soy una guerrera ni
poseo grandes habilidades para ser digna de estar a tu lado... ¿Cómo
explicarías eso? el que me permitas aun estar a tu lado"
Una silencio ensordecedor inundó la habitación. En cuanto Yumi finalizo con
su mano derecha, nuevamente Shishio levantó su barbilla para mirarla
directamente a los ojos, observando como aquellas joyas se observaban
cristalinas, como si estuviesen a punto de liberar lagrimas.
- "Me fascinaron tus ojos..."- murmuró a la mujer seriamente- "En toda mi
vida no me habría imaginado que podría conocer a una mujer que fuera capaz
de llamarme la atención como tú... no solo eres bella sino también única en
tu clase, posees una fortaleza innata en tu espíritu que se refleja en tu
mirar... es única y me conquistó desde el primer momento... Yumi Komagata,
puede que no seas un guerrero pero si posees un espíritu excepcional de una
luchadora, eres el ser humano que me conoce mejor que nadie, sabes como
pienso y yo sé como piensas... nuestras almas se acomplementan y al tenerte a
mi lado.. tu presencia logra que el vacío de mi alma sea saciado... Eres
importante para mí aunque no lo parezca... pero sé que tú lo sabes... eres el
único ser por el cual siento cosas diferentes, que logra que nazcan en mí
sentimientos que jamás creía poder tener a otro ser humano... Ahora entiendo
porque te llaman "La Hechicera de la noche", lograste encantarme con tu solo
mirar aquella vez, aquella noche de tormenta..."
Yumi escuchaba con atención a su amado, no era muy común que él dijese cosas
tan bellas, pero cuando lo hacía quedaba maravillada, sencillamente era un
hombre apasionado; sabía que es lo que debía decir para que cualquier
mujer se sonrojase y se sintiera el ser más bello e importante.
Shishio observó el leve rubor que apareció en las mejillas de aquella mujer
y no pudo evitar sonreír levemente.
Yumi abrazó tiernamente a su amado, con mucho cuidado de no lastimar su ya
enfermizo cuerpo, acurrucando su cabeza sobre su fornido pecho.
A la mente de Yumi volvió la misma preocupación de un principio... Él estaba
por enfrentarse a su némesis, Kenshin Himura... No dudaba en la fortaleza de
su señor pero si no fuese por ese lapso de tiempo que limitaba sus
habilidades... esos 15 minutos en los que ella siempre se encontraba
angustiada por el bienestar del hombre que amaba, cuando esa cuenta
comenzaba le parecía eterno el movimiento de las manecillas del reloj y su
preocupación siempre era mayor cuando se acercaba al minuto quince... algo
que jamas ha pasado, pero esta vez no se trataba de un oponente cualquiera,
estaban hablando de Battousai Himura.
Fue capaz de transmitirle esa preocupación por su solo contacto al momento
de aferrarse con un poco más de fuerza a él y como si hubiese leído su mente
habló...
- "No debes preocuparte, todo saldrá como esta planeado, lo derrotaré en
quince minutos"
- "Lo sé... sé que no debo preocuparme, eres fuerte... pero en esta lucha
el destino será quien decidirá, si ponerse de tu lado o de el de él... Pero
cualquiera que sea el resultado.. Yumi te esperará, no importa en donde, yo
te estaré esperando a donde quiera que sea tu destino ir... te seguiré por
siempre... te amaré por siempre... No hay cosa que no haría por ti... daría
mi vida con tal de que eso significase ayudarte en tu lucha... Algo que
siempre he deseado hacer... serte de utilidad en lo que tu realmente
necesitas...
Nuevamente el silencio se hizo presente en la habitación, pero este lo
disfrutaron ambos amantes al poder estar juntos por unos momentos más.
Shishio tomó un reloj de bolsillo de entre sus ropas, observando la posición
de las manecillas, no faltaba mucho para el alba, ni faltaba mucho para que
su combate diera inicio...
- "Aún hay tiempo antes de que Battousai llegue aquí"- musitó él- "Antes de
que esto comience... me gustaría un poco de té"- agregó seriamente.
Yumi se separó de él lentamente y lo observo extrañada.
- "Me agrada como preparas el té"- añadió al ver el titubear de la mujer-
"Jamás he probado uno mejor que el tuyo"
- "Está bien... sólo... debo conseguir lo necesario"- dijo cuando se puso de
pie.
- "No olvides esto"- añadió al levantarse de igual manera.
Yumi observó como aquel reloj de bolsillo colgaba de la mano de Shishio.
- "No hay nadie más a quien pueda confiarle mi propio bienestar que no sea a
ti"- agregó al colocarla en las manos de la mujer.
Yumi lo tomó, nuevamente veía ese reloj que con tan solo tenerlo en sus manos
se entristecía. Ella salió lentamente de la habitación siendo observada por
Shishio, quien al escuchar el sonido de la puerta cerrarse nuevamente dejó
escapar un ligero suspiro.
Tal vez si hubiese conocido a Yumi en otro momento, antes de convertirse en
esto, hubiese llegado a algo mucho más definitivo con ella... Sin embargo
Yumi era muy importante para él ahora, ella era la unica que lograba hacerlo
feliz... se sentía feliz con tenerla a su lado, gozar de su simple compañía,
de escuchar su voz cerca de su oído; era una concepto de felicidad que jamás
creyó que su corazón pudiese sentir por alguien y que jamas creyó que sería
capaz de sentir o vivir directamente...
Como cortesana que era, Yumi realizaba la ceremonia del té de una manera
espléndida, con movimientos exóticos y elegantes que fascinaban a cualquiera
que la mirase en aquella ceremonia japonesa... Verla realizando esa tradición
era una de las cosas que más lo tranquilizaban y fascinaban a la vez,
observar tanta belleza reunida... sin mencionar que hacia un té excelente,
con un sabor y aroma tan sutil que embriagaban a cualquiera al probarlo o
percibir su exquisito olor, tan suave, una deliciosa y suave bebida solo
podían provenir de las hermosas manos de una maravillosa mujer.
Definitivamente Yumi Komagata era una mujer excepcional, única ante sus ojos,
a la cual, aunque le costaba admitirlo abiertamente, amaba... a su manera
pero... la amaba...
Ulti_SG: ¿Qué tal? Espero que les haya gustado aunque sea un poco este fic. Me decidí hacerlo de esta pareja porque es una de las que más me llaman la atención de la serie de Samurai X (Rurouni Kenshin), sin mencionar que me encanta el personaje de Makoto Shishio ^o^. Como debieron darse cuenta, yo soy de las autoras que creen que Makoto Shishio y Yumi Komagata tenían un amor sólido entre ambos, con sentimientos auténticos y NO era una clase de amor enfermizo como me ha tocado escuchar de otras personas ¬¬... espero y respeten mi manera de pensar de ellos dos. Quejas, comentarios... mi buzón está abierto para todos (a excepción de emails bombas ¬¬), escriban a ulti_sg@hotmail.com
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