LA FUERZA DE LOS PERSONAJES
by Javi Álvarez


¿Cómo puede una chica tonta, llorona y casi anoréxica cautivar el corazón de prácticamente todas las quinceañeras de un país ( y de quienes no son quinceañeras también )? ¿Tiene alguna explicación el hecho de que un personaje tan a priori perfecto, fuerte y puro de corazón como Seiya pueda ser odiado, defenestrado e insultado por tantos y tantos fans de su serie? ¿Es posible que un ser tan malvado como el Vegeta de los primeros tiempos de Dragon Ball Z logre una legión de seguidores más amplia incluso que la de Goku?

Este artículo de opinión intenta (no sé si lo consigue) dar respuesta a éstas y a muchas otras preguntas que a menudo vienen a la cabeza del preocupado otaku. ¿Cuál es el factor que define la fuerza de un personaje en una determinada historia? Responder a eso no es nada fácil, si lo fuera cualquiera podría escribir un manga de éxito. Bastaría con definir tres o cuatro personajes que cautivasen al gran público y dejar que la historia se desarrollase por si sola. Pero por desgracia o por suerte, no lo es. Es dificilísimo.

Lo primero que habría que hacer es intentar fijarse en qué atrae a los otakus de sus personajes favoritos. Existe el tópico que nos inclina a creer en que el éxito de un personaje radica en su perfección. ¿Es mejor un personaje mientras más perfecto sea? Personalmente lo dudo. Marron de Cazadores de Magos, Piccolo de Dragon Ball o Gendo Ikari de Evangelion son absolutamente perfectos, no cometen nunca ningún error, pero sin embargo, pese a que todos cuentan con su propia legión de fans (excepto en el caso de Gendo Ikari , claro) , se ven superados en popularidad por otros personajes mucho más torpes como Carrot, Goku y Vegeta o Shinji y Misato. Habrá pues que mirar un poco más allá para desentrañar los secretos del éxito.

Ya que el factor determinante no es la perfección, veamos si lo es la credibilidad del personaje. En este caso la cosa pinta mejor. Al fín y al cabo, lo que un otaku quiere de verdad es, en la mayoría de los casos, sentirse identificado con su personaje favorito.
¿No es acaso esa la verdadera fuerza del manga? Unos protagonistas adorables, creíbles como si fueran verdaderos seres humanos y con una fuerza que brota desde el mismo interior del autor para llegarnos a nosotros los fans a través de ellos. Unos protagonistas que viven situaciones reales como la vida misma y que demuestran que tienen sus propias preocupaciones, que no todo es paz y harmonía en este mundo en el que nos ha tocado vivir (o en el que vivien ellos).
Ejemplos los tenemos a montones. Basándome sólo en mi experiencia personal ya me vienen hordas de ellos a la cabeza: el día que me descubrí llorando ante la muerte de Natsumi y su despedida por los pelos con Shimizu (Video Girl Ai), las veces que he deseado casi apuñalar a Ranma por su indecisión en los momentos clave con Akane (Ranma 1/2) o lo intensamente que viví el sacrificio heroico de los hombres de Aoshi (Rurouni Kenshin). Todas estas situaciones y muchas otras ( podría rellenar hasta mil hojas con ellas ) contienen una intensidad adrenalínica que se apoya en la realidad casi tangible que desprenden sus protagonistas y en el sentimiento con que el autor ha sabido dotarles. Y todas ellas han contribuído firmemente a introducirme más y más en este maravilloso mundo del manga y el anime hasta el punto de no poder abandonarlo ya nunca jamás (ni ganas de intentarlo).

Pero resumamos lo que hemos visto hasta ahora. De momento parece que la verdadera fuerza de un personaje radica en la credibilidad y sentimiento que desprende, además de su capacidad para vivir situaciones emotivamente intensas que nos recuerden a verdaderas escenas que ocurran en esa otra gran historia que es la vida real. Eso podría explicar el éxito de personajes como Lina (Slayers), Subaru (Tokyo Babylon) o Parn (Record of Lodoss War) y de autores como Rumiko Takahashi, Masakazu Katsura o el gran Katsuhiro Otomo, especialistas en crear todo un submundo real en sus historias para apoyar la trama de las mismas.

Pero, siempre hay un pero, me temo que todo eso a veces no basta. Muchos personajes que cumplen todos esos requisitos pasan a veces desapercibidos en beneficio de otros que parecen poseer, además, algo especial, un nosequé que acaba por conquistar irremediablemente nuestro corazón. ¿Qúe es ese nosequé? Si lo supiera no lo llamaría nosequé. Podría ser quizás la torpeza, por llamarlo de alguna forma, de Gourry Gabriev (Slayers). O el sentido del humor de Ryo Saeba (City Hunter), la voluptuosidad de las gemelas gato (Dominion), o mejor aún la inteligencia de Satoshi Miwa (Marmalade Boy). O qué tal el oscuro orgullo de Ashuram (Record of Lodoss War), la cara dura de Rouce o Vena (Dragon Half) o el impenetrable aura de misterio de Madoka Ayukawa (KOR). No, creo que se trata del saber hacer de Hajime Ryudo (La leyenda de los cuatro reyes), la ternura de Alita (Alita) o la chulería de Sensui (Yu Yu Hakusho).

Mi única conclusión es que no se trata de algo exacto. Un personaje, además de transmitir sentimientos capaces de conectar con el otaku, debe poseer algo más. Algo que lo convierta en único y especial y que le haga ser una parte más de la vida de sus seguidores. Eso es ya trabajo del autor, que además de crear una buena historia y dibujar maravillosamente deberá preocuparse de los verdaderos protagonistas de sus historias para triunfar por todo lo alto.


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La Fuerza de los Personajes
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Javi Álvarez (Tao)
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